25 noviembre 2009

Menja del cullerot, Catalinot

Hola,

El día que toca a su fin, 25 de noviembre, es Santa Catalina, una fecha que me trae entrañables recuerdos de la infancia. En este día es costumbre celebrar en Ibi la fiesta de Les Catalinetes, que diría que es característica de la población (no me consta siquiera que la hagan en localidades vecinas, aunque si alguien que lea esto sabe de algún otro lugar donde se realice, que lo haga saber). No consiste en más que en irse a merendar al campo, principalmente la gente más joven (niños y adolescentes). Supongo que será una costumbre de muchos años en el pueblo, una tradición muy arraigada que ni siquiera los enormes cambios que ha sufrido Ibi en los últimos 50 años ha podido difuminar.

De eso se encargaban, al menos en mi época como colegial, los maestros. Cada 25 de noviembre, o el día lectivo más próximo en el caso de que Santa Catalina coincidiera con un sábado o un domingo, por la mañana había clase normal, pero a primera hora de la tarde hacíamos lazos y pajaritas de papel de vivos colores, y a continuación los niños nos poníamos las pajaritas en el cuello y las niñas hacían lo propio con los lazos en la cabeza. Y, acto seguido, todos en comitiva al campo, a comernos el bocadillo que habíamos traído de casa.

Se habla del veranillo de San Miguel o del de San Martín, pero en Ibi es rara la vez que por Santa Catalina no se presenta uno de estos veranillos (bien es cierto que este año la cosa está que no merece ni diminutivo). Recuerdo aquellas tardes suaves, de sol sin calor, con un ligero viento y algo de abrigo encima, devorando un bocadillo y una bolsa de patatas fritas, arreglando el mundo con inocentes conversaciones pueriles. Estábamos a apenas un par de kilómetros del pueblo (no sólo vivíamos en un entorno de montaña, sino que además nuestro colegio estaba a las afueras del casco urbano), pero nos parecía que habíamos hecho la gran travesía para llegar hasta allí.

Quisiera pensar que los colegios de Ibi siguen celebrando Les Catalinetes como hace cosa de 20 años, aunque no las tengo todas conmigo. Creo que en la clase de uno de mis sobrinos iban a celebrarlo dentro del aula. Eso, que no salgan los niños al campo, no sea que se olviden de la PSP por unos minutos. Y que no anden, no vayan a sudar. Aunque sí es cierto que hoy tendrían que caminar bastante para llegar desde ese mismo colegio hasta el campo; es lo que tiene que el polígono industrial, ya bastante grande hace 20 años, haya aumentado su superficie de una forma exponencial en este tiempo, y que donde no hay más fábricas las casas hayan crecido como champiñones. No estamos en 1989, mal que pretenda ponerme melancólico.

Estamos en 2009 y, ¡oh, sorpresa!, el devenir ha querido que este año haya celebrado Les Catalinetes de una forma tan especial como cuando era un crío, aunque en otro sentido. No me he puesto una pajarita de papel en el cuello ni me he ido al campo. He subido al coche para ir a Alicante y pasar allí toda la jornada. Ha empezado un capítulo distinto. Una continuación del anterior, pero iniciando una nueva temporada. No va a durar mucho, dicen que unas seis semanas, pero mientras dure, a aprovecharla. Al menos, serán seis semanas de certidumbre en el mar de dudas al que caí de manera inesperada en septiembre.

Bien podía haber ido recordando en el coche la canción que cantábamos cuando nos íbamos al campo en Les Catalinetes, y que decía esto:

Les Catalinetes
mengen culleretes,
i els Catalinots
mengen cullerots.
Passen pel molí
una coca en oli
i un barral de vi,
catalí, li, li.

Es una letra sin sentido alguno, cuya traducción sería ésta:

"Las Catalinitas
comen cucharitas,
y los Catalinotes
comen cucharones.
Pasan por el molino
una coca en aceite
y un barril de vino,
catalí, li, li".

No, definitivamente, estos pareados carecen por completo de sentido. Sin embargo, en este 25 de noviembre tomo uno de ellos como consejo. Como digo, está claro que la etapa iniciada hoy no va a ser muy larga, pero mientras dure, como buen Catalinot, pienso comer del cucharón todo lo que pueda. Tal y como está el panorama en este momento, ya puedo darme con un canto en los dientes.

Noviembre es un mes que en los últimos años siempre me ha traído cosas buenas, y que ha venido normalmente cargado de optimismo. Este 2009 seguimos también por buen camino.

Me voy, pero antes dejo un regalito en forma de videoclip. Antes de actualizar el blog me he dado una vuelta por la trébede palentina, donde Juan nos recordaba el 18 aniversario de la muerte del gran Freddie Mercury. Me sumo al homenaje con otro de sus grandes vídeos, el de una canción que ya de por sí sola inyecta en vena energía pura; no digamos acompañada de estas magníficas imágenes:



A disfrutar de Breakthru, del legado musical de Queen, y de la vida cada día.

Saludos al personal.

Noche del 25 de noviembre de 2009

16 noviembre 2009

Y mañana, ¿qué?

Hola,

En la anterior entrada, hace ya un par de semanas largas, daba indicios de que las cosas tenían visos de cambio a mejor. Pues bien, parece que seguimos por el mismo camino, aunque con algunas dudas. Ya no puedo quejarme de pasarme las semanas casi enteras, de lunes a viernes, arañando las paredes de casa. De hecho, ha habido alguna semana en la que ha sido justamente lo contrario, sin apenas un momento para el recreo de la mente. Más actividad, que en el instante se traduce en mejores ánimos, y a finales de este mes espero que se traduzca también en una entrada de ingresos que alivie la compleja situación económica en la que me vi de repente a principios de septiembre.

Pero como todo, esta novedad también tiene su cara negativa. Me he instalado en la vida del salto de mata, en la que hasta la ultimísima hora de un día no sé si a la jornada siguiente dispondré de mi tiempo para dedicarlo al ocio o a arañar las paredes de desesperación, o si, por el contrario, tendré una actividad laboral que me acarreará unas obligaciones, pero también otras muchas más recompensas. Una opción u otra, con lo bueno y lo malo. Pero ignorando hasta prácticamente la medianoche cuál de las dos será la protagonista del día siguiente.

La vida pendiente de que suene un teléfono móvil, y que de su altavoz se oiga una voz que me reclame para mañana. Antes sabía que, casi siempre, el miércoles era mi sábado y el jueves mi domingo. Ahora no. Sé que sábados y domingos están limitados, y que por ello son bien preciados. Pero de lunes a viernes, todo es una incógnita hasta el último instante.

¿Quedamos mañana? No sé si podré. Pero si quieres, nos vemos esta misma tarde. El pensat i fet se convierte en un modus vivendi. Y nuevamente, digo que esto también tiene una lectura positiva: cuántas veces resultan agradables esas citas improvisadas. El café o la cerveza no saben igual, porque llevan añadido el suave regusto del encuentro inesperado. Eso sí, siempre que la otra persona esté disponible. Si me emplaza para mañana, no me atrevo a aceptar la propuesta. No puedo comprometerme sin saber si mañana podré llevar a cabo los planes.

Incertidumbre, pues, durante una primera quincena de noviembre que ya es historia. Una incertidumbre soportable, no obstante, y hasta cierto punto incluso bienvenida, puesto que es mucho mejor que lo que trajo consigo la tarde del 4 de septiembre. ¿Estamos en la senda correcta? Espero que sí, aunque sea poco a poco.

Y hablando de sendas, y de su exploración, voy a divagar hasta irme a un tema completamente distinto, pero que también ha tenido lugar estos días: el pique que me ha dado el amigo Don Juan de Guaza hacia Google Street View. Me pasé por su trébede hace unos días y vi la entrada que había publicado acerca de que en ese programa ya podía verse el callejero de su estimado pueblo. Me lié a explorar, y ahora estoy casi que no dejo el dichoso programita. Un nuevo vicio para pasar el rato; amortizado, por aquello de la pasta que pago al mes por la línea ADSL, pero también algo peligroso porque me dejo la vista en la pantalla, de las horas que me tiro frente a ella, jajajajajajajaja...

Entretenimiento en estos días de noviembre, un mes que siempre me ha gustado. Soy de esa gente poco habitual que disfruta de las tardes frías en las que anochece pronto, de los paisajes amarillentos, de la lluvia... Este otoño casi que sólo estamos teniendo de lo primero (mi incipiente pasión por la micología va a tener que esperar al año que viene, me parece), pero aún así, mi optimismo sigue al alza. Además, no debo quejarme de un mes que comenzó de esta forma:



Con casi un mes de demora, pero en la madrugada del 31 de octubre al 1 de noviembre al fin celebré mi 30 cumpleaños como es debido. Que cumplirlos siempre es motivo de alegría y hay que mostrarlo de una manera explícita. En esa imagen falta la persona que captó la imagen, que, en cambio, sí aparece en esta otra:



La persona a la que aludía es Tamara, la chica de más a la izquierda, que el 7 de noviembre vino también a la boda de Elena (que, obviamente, es la novia que aparece en la foto). Una imagen con las tres mismas personas se podría haber captado, en un contexto muy distinto, en noviembre del año 1995, en un aula del instituto Fray Ignacio Barrachina de Ibi. Pero era noviembre del año 2009 y aquello era un salón de bodas de Banyeres de Mariola. Han pasado 14 años y la foto ha sido posible. Que lo sea también dentro de otros 14 años.

Noviembre de 2009 ha sido también el mes en el que me han concedido un nuevo premio literario. Otra vez ha sido en Aspe, en el certamen convocado por la concejalía de Juventud, esta vez el segundo premio. Una retribución nada despreciable y, mucho mejor, la satisfacción de ver cómo una creación tuya ha tenido ese reconocimiento. Eso no hay cuantía económica que lo pague.

Quedan otras dos semanas de noviembre, que desearía que fueran en la misma línea que la primera quincena. Si no es así, habrá que resignarse y confiar en que diciembre remonte. En cualquier caso, me hago la pregunta del título de hoy:

Y mañana, ¿qué?

Saludos al personal.

Noche del 16 de noviembre de 2009

30 octubre 2009

Crueldad

Hola,

Hoy quería explicar una sensación extraña. La de ser consciente de que has hecho algo que no está bien, y alegrarte al mismo tiempo de haberla hecho. Esta semana he sido deliberadamente cruel con otra persona. Y no es algo de lo que deba jactarme, ni mucho menos, pero no me arrepiento de ello lo más mínimo. Al contrario, siento que me he quitado un gran peso de encima. Llevaba bastante tiempo con algo dentro que necesitaba soltar y, al fin, ha salido de mí.

Fijé de forma premeditada el día de la venganza y, en tanto que llegaba esa fecha, tramé un plan. Una forma de actuar y, más aún, de dejar constancia de ello. De hacerme notar. Esa persona tenía que enterarse de una vez del daño que me había hecho y, a la vez, vivir en carne propia el dicho de que quien siembra malos vientos recoge tempestades.

Su ruin y gratuito desprecio ha tenido al fin una respuesta clara y contundente por mi parte. De alguna manera me hace sentir un poco mal, en el sentido de que no soy persona dada a esas vilezas -las repelo y repruebo, más bien-, pero en este caso mi rencor ha sido tan extremo que me ha llevado a obrar con ira. Ha sacado lo más bajo de mí, pero al mismo tiempo me alegro, porque, insisto, siento que al fin me he desprendido de tanto odio. Que a partir del final de esta entrada mi mente ya sí que no tiene por qué dedicar un solo segundo más a esa persona.

Lo único que me preocupa de mi acción es que pueda haber molestado a las personas que el foco de mi crueldad y yo tenemos en común. Por si acaso, a las más allegadas las advertí de inmediato, y les perdí perdón por el malestar que mi venganza podía causarles. A ellas, y al resto, no les pido que amparen mi acción, pero sí que la comprendan. Todo ha tenido un motivo. No quería que la humillación quedara impune.

Hay una canción del disco Gato negro, dragón rojo de Amaral que me recuerda mucho a esta situación en una de sus estrofas. Dice lo siguiente:


"Iba a hacer una canción cruel,
escrita en tu honor,
que sacara de mí este veneno,
pero en un sueño vi tu alma destrozada
y al despertar lloré
porque una vez creí ser tu hermana".


No ha sido una canción, pero sí cruel, y ha sacado de mí ese veneno. Y, como dice el estribillo:


"Ya nada será igual,
es el final de la inocencia.
Ya no verás volar
el Concorde sobre nuestras cabezas".


Os dejo con Concorde, la canción en cuestión. El vídeo fue captado en un concierto de Amaral en Caspe (Zaragoza) y subido a Youtube por un usuario llamado "dirrty72". Disfrutad de estos poco más de tres minutos:




Saludos al personal.

Noche del 30 de octubre de 2009



25 octubre 2009

Desorientado y frustrado, sí, pero con algunas cosas claras

Hola,

Una entrada para decir que, en cierto modo, la vida sigue igual, que decía aquél. No obstante, eso no es del todo malo, ya que aún me dura el optimismo de la entrada anterior. La incertidumbre sigue ahí, pero con los problemas siempre ocurre lo mismo; una vez que te serenas un poco y tomas conciencia real de ellos, aprendes a afrontarlos, o al menos a intentarlo. Será cuestión de continuar por esa senda.

Mi idea inicial no iba mucho más allá de escribir una entrada divagando sobre la continuidad de la calma y la satisfacción que transmiten los buenos momentos vividos en el día a día. Podría incidir, una vez más, en el efecto terapéutico que tiene para mí la jarana, tal y como pude comprobar este mismo sábado durante la fiesta posterior al desfile del Mig Any en Alcoy, en la Plaça de Dins. Un grato encuentro con compañeros de profesión y amigos a los que las circunstancias han querido que ya no vea a diario, a lo largo una estupenda velada con 60 minutos extras de duración, gracias a que, con eso del cambio de hora, a las 3 de la madrugada volvieron a ser las 2.

Mi enésima encomienda a los milagros de Santa Farra, que nos aparta del mal, iba a ser en principio el hilo conductor de esta entrada. Pero no. Hoy, el diario El País me ha dado otro tema de conversación. Curiosamente, relacionado con algo acerca de lo cual divago mucho también: la edad y el pesimismo ante la escasez de expectativas para la realización de la persona que ofrece la vida actual. He aquí el artículo:

"La generación 'peter pan' está hipotecada". El País, 25 de octubre de 2009

He leído el reportaje por recomendación de un compañero de trabajo que en las últimas semanas gusta de recordarme que ya no soy veinteañero (ya llegará septiembre de 2013, y entonces espero poder decirte que tú tampoco lo eres, majete), y la verdad es que ha sido muy buen consejo. Me ha encantado leer el artículo, aunque al mismo tiempo me ha dejado una mezcla de escepticismo, asco y miedo. Me he sentido totalmente identificado con la descripción que el autor hace del treintañero medio de la España de 2009.

Tengo una formación mucho mayor que la de mis padres, pero gano relativamente mucho menos de lo que ellos ganaban hace 30 años; tengo un trabajo mucho menos ingrato físicamente de los que ellos tuvieron, pero con una inestabilidad y una incertidumbre con la que ellos rara vez toparon; me veo sin grandes expectativas, sin saber qué camino tomar, un tanto atrapado entre el paso del tiempo y las ganas de seguir haciendo lo que has hecho hasta ahora... Todas esas cosas que se describen en el reportaje, y que vivo en primera persona. Incluso esa especie de obligación social de comprar una vivienda, y de la que maldita sea la hora en que hice caso.

Lo dice el autor del artículo, remitiéndose a las personas supuestamente expertas a las que ha entrevistado para llevar a cabo su trabajo: el ocio es el gran refugio del treintañero. Totalmente de acuerdo con esa afirmación. No hay más que leer un par de líneas de este blog para darse cuenta de que la diversión como forma de buscar el regocijo es una de mis grandes filosofías de vida. Y por lo visto, así es también para todos esos miles de ya-no-tan-jóvenes que nacimos entre 1975 y 1980. Estamos perdidos y frustrados, así que nos agarramos al clavo ardiendo del ocio para despejarnos la mente y despreocuparnos de manera transitoria por todo aquello que nos quema las neuronas durante la mayor parte del día.

Me reconforta un tanto que en el reportaje se diga que ya no está socialmente mal visto tener un puntito infantil una vez pasados los 30, aunque en realidad me da igual, porque seguiría actuando de la misma forma. Además, no creo que haga nada extraño. Un ejemplo: los sábados por la noche, los bares de copas están repletos de gente para la cual los 29 forman parte del pasado. Y no es sólo eso: tengo suficiente edad como para saber qué me hace feliz o me hace estar tranquilo, y mecanismos suficientes para alcanzar esos objetivos, con la astucia añadida que ofrece la precariedad económica. No quiero parecer arrogante; me refiero simplemente a que aprendes a disfrutar de tu vida, de tu propio ocio, de una forma adecuada a los recursos de los que dispones. No me canso de poner en práctica esta teoría.

Desorientado ante el futuro inmediato y con la pesadísima carga de un piso que nunca debiera haberme comprado y con el que no sé qué hacer ahora (¿por qué el alquiler está tan denigrado, con las ventajas que tiene?), pero con algunas cosas bien claras. La más básica: quiero disfrutar de cada minuto de mi vida, en la medida de mis posibilidades. Y a partir de ahí, todo lo demás.

El horizonte es incierto, pero mientras queden momentos para sentirse bien con uno mismo, en el ámbito que sea (personal, familiar, afectivo, laboral...), habrá razones para seguir avanzando.

Lo voy a dejar aquí, pero colgando un vídeo, que ya llevaba algunas entradas sin adjuntar uno. Una canción de ésas que no pasan de moda y que invita a ese atisbo de felicidad al que vengo haciendo referencia:




Saludos al personal.

Noche del 25 de octubre de 2009

18 octubre 2009

La tortilla volteada y la botella medio llena: la alegría de lo simple

Hola,

El título de esta entrada es bastante explícito, pero creo que no debo andarme con rodeos. Una llamada telefónica basta a menudo para cambiar muchas cosas, tanto a mejor como a peor. Me alegro de que mi teléfono móvil sonara, para bien, en la tarde del 12 de octubre, por haberme dado la sensación de que alguien se acordaba de mí por primera vez en más de un mes.

La alegría, un tanto paradójica, de volver a tener una rutina; de tener que poner un despertador para que suene al día siguiente, de tener que ir corriendo a primeras horas de la mañana, de pasar un ratito de viaje en el coche, de luego estar horas delante de un ordenador que no es el tuyo, de volver a casa ya de noche... Qué contradicciones tiene la vida. Hace dos meses quejándome del estrés, y ahora de su ausencia. ¿En qué quedamos? Pues que me llamen masoca, pero prefiero, aunque con la debida moderación, el estrés. Y eso que mi inactividad no ha llegado a ser total en ningún momento.

Un reenganche transitorio al trajín diario, pero reenganche al fin y al cabo. Y una breve conversación que no esperaba y que volvió a darme esas sensaciones de existencia y visibilidad que notaba perdidas en las últimas semanas. Autoestima en vena, con el añadido de una oportunidad para lucir palmito en la página 63 del periódico en un domingo. La vergüenza a hacer puñetas, y la ilusión que vuelve aunque sea en la volatilidad del formato papel.

De repente tengo la sensación de haber cogido la sartén por el mango y estar alzando la tortilla para voltearla. No digo que lo vaya a conseguir, pero al menos, intentaré que caiga del lado adecuado. Y aunque sigue faltando bastante líquido en la botella, ahora creo verla medio llena. Ignoro si todo esto habrá sido fortuito o si alguien habrá puesto empeño en hacerme un favor, pero si ha sido así se lo agradezco mucho, por el beneficio que me ha reportado, en un sentido amplio.

Esta foto la han podido ver hoy más de 30.000 personas, según la Oficina para la Justificación de la Difusión. Pero encierra mucho más valor que el puramente gráfico; es la prueba de la amortiguación de una caída en picado.



Autor de la imagen: Jose Navarro, gran fotógrafo y mejor compañero de trabajo.


No sé por cuánto durará esto, pero por cuanto sea... bienvenido sea.

Saludos al personal.

Noche del 18 de octubre de 2009

09 octubre 2009

Hay cosas que me preocupan mucho más que cumplir 30 años

Hola,

Hace unos días que, dicen, debería sentirme diferente. porque en mi vida se ha producido un cambio sin vuelta atrás. Pero sólo es eso, que lo dicen, porque en realidad me siento igual. Al menos, por eso que dicen. Porque me siento ahora igual de bien, o de mal, que hace una semana, cuando apuraba mis últimos minutos como veinteañero. Ya nunca más volveré a serlo. De la misma forma que nunca volveré a ser niño, ni adolescente.

¿Y qué? Cumplir años es, en la inmensa mayoría de los casos, una felicidad, un motivo de orgullo. En el mío lo es, aparte de pura ley de vida. Después del número 29 va el 30, como después han de ir el 31, el 32, el 33 y así sucesivamente. Tiene un ápice de simbolismo el pasar del dígito 2 al 3, pero nada más que eso. ¿Años que no vuelven? Sí, pero tampoco hay que darle más vueltas. ¿Años aprovechados? Sí, en muy buena medida, con lo cual eso me queda. ¿Sueños frustrados? Alguno, pero por mucho que me coma la cabeza, no voy a volver atrás y realizarlos antes de cumplir los 30.

El pasado 3 de octubre fue el Día del Orgullo Treintañero, por aquello de estrenar edad. ¿Una nueva etapa? Yo no acabo de verlo así, sino más bien de seguir con el día a día, porque la vida es una constante evolución. Ya no tengo 20 años, sino diez más, y ya no hago algunas cosas que hacía hace diez años. Pero sí otras muchas, porque yo sigo siendo el mismo. Da igual que 1979 quede cada vez más lejos; tras mi número de DNI sigue estando la misma persona. ¿O si no, qué diferencias se observan aquí?





Se podrá decir que hay diferencias, pero no me veo más viejo en la imagen inferior que en la superior. Y, sin embargo, en la foto de arriba tenía 29 años y la de abajo ya es posterior al 30 cumpleaños. Vamos, que las diferencias no están ni en la edad ni en la imagen. Es decir, que, si lo pienso bien, estoy divagando acerca de una chorrada. Chorrada de la cual espero poder volver a divagar, no obstante, dentro de otros diez años, y de 20, y de 30, y de 40...

Como digo en el título de esta entrada, hay cosas que me preocupan mucho más que cumplir 30 años. Cosas sobre las que no tengo que comentar más que lo que ya he comentado en entradas anteriores de una forma implícita. Cosas que preocupan igual si tienes 30 años como si tienes 25 o 45, y que por ahora no tienen solución a la vista. Eso sí, son resolubles, con lo cual, la mirada sigue puesta al frente. Las hostias hacen bajar la cabeza, pero hay que volver a levantarla, una y otra vez.

Seguro que hay luz al otro lado del túnel. ¿Venís a comprobarlo?



Saludos al personal.

Noche del 9 de octubre de 2009, día en que para algunos la fiesta terminó a las cuatro de la tarde

30 septiembre 2009

8 de agosto: Palencia, de bella desconocida a bella sede miniquedadora

Hola,

He tardado más días en actualizar el blog de los que pensaba. La verdad es que septiembre no está siendo un buen mes, tras el hecho inesperado que se produjo el día 4, y que a estas alturas aún no ha visto una solución. Se puede decir que las Fiestas de Ibi fueron un agradable paréntesis, y también lo han sido los últimos días del mes, a partir del 24, gracias a unas agradables visitas de las que ya daré cuenta en un próximo post. Pero por lo demás, esto es una especie de travesía en el desierto, que se afronta según esté el ánimo al levantarse de la cama. Es decir, unos días mal y otros simplemente regular.

Pero bueno, yo tengo que acabar con lo que empecé, así que vamos a ello. Me tocaba hablar del 8 de agosto, fecha en que tuvo lugar el que de alguna forma se puede considerar el acto central de mis vacaciones. Y es que, como se ha ido viendo ya, este viaje a Castilla y León estuvo imbuido en muy buena medida del espíritu del foro de Saber y Ganar. Ése era mi vínculo inicial con la mayoría de las personas a las que vi en estas vacaciones, y era, además, el pretexto para reunirse un puñado algo más amplio de gente en algún lugar de Castilla y León que se fijara. El sitio escogido fue la ciudad de Palencia, por ser un territorio neutral para todos y tener la ventaja de sus excelentes comunicaciones, mejores incluso que las de Valladolid, de la que apenas dista 45 kilómetros.

Yo ya había visitado Palencia en octubre del año 2000, y tenía muy buenas referencias de esa ciudad. Pequeña y discreta, sin grandes alardes ni reclamos, pero muy agradable, armónica, manejable. Así que cuando se sugirió en el foro que pudiera ser punto de reunión para este encuentro veraniego, aplaudí la idea, por ser una estupenda ocasión para volver a ver esta ciudad. Y estábamos todos de acuerdo, así que, decidido, el 8 de agosto de 2009 habría miniquedada del foro de Saber y Ganar en Palencia.

El día empezó de una forma un tanto patosa, con despertadores que no sonaron a su debido tiempo, multas de la ORA enganchadas en el parabrisas (que por suerte nunca llegaron a destino) y depósitos de gasoil en reserva. Así que llegamos a Palencia con bastante tiempo de retraso. Pero una vez allí, no tengo más que buenas palabras para esta jornada. Nada puede ser malo cuando la compañía es magnífica, estás en un lugar magnífico y la conversación es en todo momento magnífica.

Aparte de Cristina y de Carmen B, con las que ya fui desde Valladolid, y de Bubu y Jegalato, que ya habían estado con nosotros la noche anterior y que se nos unieron después de la comida, al encuentro también acudieron Arevaci (con quien me resultó grato comprobar que me unen más cosas que haber nacido un 3 de octubre), Leonesa (de cuya compañía pude al fin disfrutar) y el autodenominado Komando Astur, formado por Nuveri, Gloribel y Pepe, un trío familiar en cuyo hogar tiene pinta de reinar la risa. Juntos recorrimos las calles del centro de Palencia (qué maravilla de vías peatonales para pasear con toda tranquilidad), visitamos la catedral (me quedó sobradamente claro por qué la llaman "La Bella Desconocida"), disfrutamos de un suculento ágape por un módico precio, recorrimos las riberas del río Carrión, dejamos constancia fotográfica... En definitiva, una maravilla.

¿Algo malo? En todo caso, que el único palentino del foro no pudiera estar también en esa cita, aunque ya Cristina y yo ya habíamos tenido la suerte de pasar con él un agradable rato el día anterior, como ya comenté en el anterior post. Y, en un escalón más personal, que la única persona que conozco en Palencia capital no estuviera ese día en la ciudad al encontrarse de vacaciones. Eso sí que es una lástima, porque apenas tengo oportunidades de ver a esa persona y esta vez no pudo ser. Pero esperemos que vuelva a haber ocasión a no muy largo plazo.

No creo que deba enrollarme más, salvo pasar a los recuerdos gráficos:
































Poco más me queda decir de esta jornada, salvo que no está tan fuera de lugar el traerla ahora a la palestra. Los últimos días de septiembre se han parecido un poco a este 8 de agosto, al haber sido de alguna forma una continua miniquedada por Alicante. Pero de eso ya hablaré en otro momento. Por ahora, septiembre acaba y, aunque el regusto que deja no es del todo agradable, sí termina con la sensación de haber dado cosas para aprender, y muy variadas.

Saludos al personal.

Cae la tarde del 30 de septiembre de 2009