31 diciembre 2006

Un altre any a fer la mà

Hola,

Ahora que 2006 va apurando sus últimas horas, creo que nada mejor que vplver a sentarme frente al ordenador para hacerle un breve y sencillo homenaje al año que termina y desear a todo el personal que 2007 les vaya, como mínimo, algo mejor. Y como ya de por sí espero que os haya ido bien, confiemos en que la vida siga sonriendo, ni que sea de forma levísima. Lo dicho, aquí estoy, en plan mensaje institucional, gato en brazos (ya era hora de presentarlo en sociedad, tanto que hablo de él), aunque yo sólo soy, si acaso, presidente de la República Independiente de Mi Casa, pese a no haber ido nunca a un Ikea. De todas formas, el 31 de diciembre es fecha de discursos institucionales de presidentes autonómicos, y aunque yo no voté a Francisco Camps para que fuera elegido jefe de la Generalitat Valenciana, sí lo considero mi representante legítimo. Entre otras cosas, no es nadie que reúna determinados privilegios por derecho de cuna, y sí alguien a quien, en hipotéticas circunstancias, podría terminar llamando Paco, de la misma forma que no me siento gobernado, a nivel local, por "la señora alcaldesa", sino por simplemente Mayte (aunque tampoco la voté y ella es consciente de ello, jejejeje...).

Termina 2006 sin que determinados aspectos de mi vida hayan variado sustancialmente, lo cual tiene su lado positivo y también su vertiente negativa. De todas formas, me quedaré con otras cosas, como los viajes a Barcelona (marzo), Madrid y Guadalajara (mayo), el Vendrell (julio), Vélez Rubio (septiembre), el más fugaz a Murcia, que tan bien vino (octubre), y el más reciente de Logroño (noviembre), mi primera road-movie personal. Y además de eso, episodios como las Fiestas de Ibi o la concesión del premio literario en Aspe, entre otros muchos que también merecerían ser destacados y que ahora mismo no acuden a mi mente. Año que también acaba con un afortunado pequeño cambio laboral, sintiéndome de momento bastante cómodo con mi nueva ubicación. La actualidad ha venido movida estos últimos días de 2006 por la zona, lo cual me ha beneficiado al darme bastante más trabajo.

Días también en los que he asumido plenas funciones de mi papel de tío, al llevarme por primera vez de excursión al mayor de mis sobrinos-pequeñas fieras, a que viera los pescaítos de l'Oceanogràfic de Valencia, una de las pocas obras faraónicas llevadas a cabo por mi gobierno autonómico en la que creo que el dinero de 4.800.000 valencianos no se ha tirado a la basura, sino que se ha invertido en algo de provecho. Ya podría haberse puesto el mismo empeño en, por ejemplo, firmar un convenio con el Ministerio de Fomento para el mantenimiento de la línea ferroviaria Xàtiva-Alcoy en condiciones aceptables. Volví a utilizar el único y entrañable tren de mi comarca para llevar a mi sobrino (y a su papá, mi hermano favorito... obviamente) a Valencia, sufriendo otra vez sus bandazos, que esta vez sobrepasaron en algún momento lo puramente cómico. De vergüenza que ninguna administración pública ponga un céntimo de euro en tan necesario, práctico y poco contaminante medio de transporte público.

Desde su escaño en el Parlamento Europeo, Enrique Barón no sabrá que me acuerdo de él casi cada día, y no para bien. Por cierto, en este 2006 también he tenido la oportunidad de ver al ex ministro socialista de Transportes que, el 30 de septiembre de 1984, decidió que la mitad de la red ferroviaria española no era rentable y debía desaparecer. Mi encuentro con él fue durante el Foro Internacional de las Juventudes Socialistas que se organizó en verano en la Universidad de Alicante, al cual acudí para su cobertura informativa. La situación no se presetaba a recriminarle su política ferroviaria, hablando sempiternamente de esa gran chorrada llamada Alianza de Civilizaciones. ¡Ay, Zapatero, que te han dejado en bragas con lo que ocurrió ayer! Tocará comenzar con incertidumbre 2007 por culpa de los mismos energúmenos de siempre, lanzados al cuello de gobernantes demasiado pusilánimes, a su vez acosados por otras aves carroñeras en su día también atenazadas.

Pero en este momento prefiero no ponerme pesimista. Un 31 de diciembre es preferible mantener cierta ilusión por lo venidero, aunque sea un estúpido consuelo. De momento, yo ya me he colocado la ropa interior roja, bueno, más bien grana, aunque dudo que alguien más que yo la vea, para no variar. 2006 acaba tan a dos velas como 2005, aunque seguiremos confiando en que el futuro traiga nuevos aires. Por ejemplo, a ver si Correos me pudiera dar una buena noticia en los primeros días del año, en estos tiempos en que lo mejor que se puede recibir por carta es una citación judicial. Dudo que eso pase, pero por lo menos, el paso que yo tenía que dar ya lo he dado, ahora no depende de mí el curso de los acontecimientos.

Decía que la ropa interior que llevo en este preciso instante, cuando el sol se pone por última vez en 2006, es rojiza como manda la tradición, aunque anoche estuvo a punto de acabar también de ese color de forma involuntaria. Menudo reventón de narices en el momento más inoportuno, en el Barrio de Alicante, con la siempre agradable compañía de Robert l'almoiner, su amigo César y Carles y Cristóbal, otros dos saforencs a los que hasta ayer no conocía. Justo antes de entrar en el mítico El Coscorrón, de mi napia comenzó a brotar sangre. Aquello sí que era la Font Roja y no el santuario donde se venera a la patrona de Alcoy. Media hora echando sangre sin parar, con uno de los amigos de Robert teniendo que pedir pañuelos a un grupo de mozas transeúntes (gracias por dárselos, majas, y gracias a ti, Cristóbal, por si tampoco te vuelvo a ver nunca) y ofrenciendo un espectáculo más que bonito en una de las zonas más transitadas de Alicante un sábado por la noche. Total, para que cuando se cortara la hemorragia los coleguis de Gandia dijeran que estaban cansados y que se volvían a Crevillent, donde pernoctaban. Por lo menos, no se me volvió a reventar la nariz de camino a casa, que si no, a ver cómo me las apaño para conducir. Pero vamos, bien que contribuyó a fastidiarme un sábado que había sido bastante estresante en el aspecto laboral.

Imagino que esta Nochevieja no será muy movidita. Al contrario, tiene pinta de ser bastante tranquila. Hace ya 10 años de otra que no lo fue tanto, y de la que ya hablé por encima en otra ocasión. Tampoco me extenderé demasiado ahora, salvo decir que aún la recuerdo como la mejor Nochevieja vivida hasta ahora. Era una gozada poder disponer de vez en cuando de aquel piso para hacer fiestas, aunque imagino que Ana se las vería putas para que su tío, actualmente ya fallecido, le dejara las llaves. Guardo muchas fotos de ese fin de año, ésta es una de ellas, aunque no he sido yo quien ha escaneado la imagen, sino Paco, de la misma forma que Alicia escaneó la que mostré el otro día. En una de las instantáneas puede leerse, escrito con pintalabios en un espejo, "¡Feliz 1997!". 1997, 1998, 1999, 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, y ahora ya viene 2007. Cómo pasa el tiempo, cómo vamos sumando años y asumiendo otras funciones y responsabilidades. Cómo va quedando gente atrás y van llegando otros, aunque siempre hay quien se mantiene firme en la primera página, como si fuera el protagonista de una larga novela. La novela de la vida, se podría decir.

A aquella fiesta de bienvenida a 1997 acudieron, o acudimos, todos los que están en esta otra foto, tomada en los primeros instantes de 2005, con la sola excepción del chico de pelo largo que hay más a la derecha, Jose, quien empezaba esa noche una relación con Nieves, la chica que hay a su lado. Esto fue en la plaza del Ayuntamiento de Alicante, un lugar que no mucho tiene que envidiar a la madrileña Puerta del Sol para despedir un año. Esta noche toca volver a esa misma ciudad, aunque la cosa será más hogareña. Estaremos los otros cuatro que aparecen en esta imagen: Alicia, Juanjo, Israel y yo. Los mismos que ya celebramos juntos la llegada de 1997, algo que indica que todo lo bueno siempre queda. Así que, lo que suelo decir, que dure, que dure y el tiempo no le haga mella.

Nada más por este año. Espero en 2007 seguir poniendo aquí pequeñas pinceladas de mis paranoias mentales, y que los escasos lectores, que me consta que los hay, se mantengan fieles, aunque no se prodiguen en exceso con comentarios sobre lo que aquí se publica.

SALUT, REPÚBLICA I GLÒRIA PER AL 2007. BON ANY PER A TOTS!

26 diciembre 2006

Que la suerte te acompañe (al pueblo de al lado)

Saludos de nuevo,

Vuelvo otra vez, tan pobre como el 21 de diciembre. El Gordo de Navidad no fue el 10.500, tal y como me hubiera gustado a mí. Llevaba dos décimos de un número que compré a más de 600 kilómetros de distancia, cuando la suerte se encontraba a apenas diez. La única administración de lotería de Onil vendió 150 décimos del 20.297, cifra que resultó agraciada con los 3 millones de euros a la serie. Habrá que consolarse con la salud, que se suele decir en estos casos para autocomplacerse de forma estúpida y ahogar la pena de que nuestras cuentas corrientes no se inflen de manera inesperada.

La villa de Onil, como decía, dista apenas 10 kilómetros de Ibi, con cuyo término linda por el este. Al sur queda Castalla; al oeste, Biar; y al norte, Banyeres de Mariola y Alcoy. 48 kilómetros cuadrados de superficie que albergan a 7.500 personas, entre ellas mi hermano, mi cuñada y mis dos sobrinos. Casco urbano al pie de la misma sierra, a 697 metros de altitud. Como todas las poblaciones de su entorno, vive mayoritariamente de la industria juguetera, en este caso especializada en la fabricación de muñecas; de hecho, y aunque creo que todos los lectores habituales de esta bitácora ya lo saben, las pelmazas muñecas de Famosa que se dirigen al portal son nativas de este pueblo. Es más, la empresa no se llama así por el adjetivo famosa, sino por ser, en su origen, el acrónimo de Fábricas Agrupadas de Muñecas de Onil, Sociedad Anónima. Su tradición industrial se remonta, más o menos, al año 1880 (es anterior a la de Ibi, que comenzó hacia 1905), y en la comarca tiene fama de ser un pueblo discreto, de gente currante, poco dada a llamar la atención. Lo cierto es que esta localidad siempre me ha inspirado simpatía; es de esos vecinos que no molestan, que van a su aire, y que cuando te los encuentras saludan de manera educada y a veces se paran a hablar del tiempo.

La suerte de este pueblo ha sido uno de mis primeros trabajos en mi nueva andadura laboral alcoyana. Había dormido tan sólo cuatro horas la noche del 21 de diciembre, producto de una farra por Alicante con compañeros de trabajo (no hay que desaprovechar oportunidad alguna, majetes), y ya estaba yo casi a las puertas de Alcooooooi (o bien abierta) cuando mi nuevo jefe de entre semana me llamó diciéndome que diera media vuelta y me fuera para Onil. Y allí, el típico revuelo vivido en anteriores situaciones caóticas, aunque por fortuna esta vez para un motivo bien alegre. Pero eso sí, una alegría bien corta y contenida, porque en apenas un par de horas pareció que allí no hubiera pasado nada. ¿Dónde estaban las habituales celebraciones a lo bestia que se suelen ver en este tipo de ocasiones? ¿Dónde se habían metido los afortunados? Ni siquiera los compañeros de cierto canal de televisión muy popular, que tuvieron que mostrar una comida de empresa como si fuera una celebración por el premio, los pudieron encontrar. Y si eso fue el día del sorteo, no quiero decir nada a la mañana siguiente, una jornada de las de frío portentoso de las que suelen venir por esta zona en estas fechas. Con ese precedente y esa rasca, poco más que un reportaje floral conseguimos sacar. Y siempre hay quien quiere más. ¿Y de dónde quieres que lo saque? Desde un despacho, las cosas se ven siempre mucho más fáciles. Y si ese despacho está a 40 kilómetros de distancia como en este caso, más.

Hasta ahora me resultaba simpática la discreción de Onil y sus gentes, pero ahora la veo un poco exagerada. Aún así, me sigue resultando mucho más simpático que otros pueblos de la zona. Además, su composición social es muy parecida a la de Ibi, aunque su tamaño sea tres veces inferior, e incluso su ubicación es un tanto similar, aunque Onil está todavía más pegado a su sierra y sus cuestas son todavía más pronunciadas que las de Ibi. Pero bueno, que al margen de toda esta divagación, enhorabuena a los colivencs agraciados con la suerte y que lo disfruten. Encantado de que uno de mis trabajos fuertes en la zona de Alcoy fuera allí, aunque a ver si a la próxima vez que os toque algo os alegráis algo más, que hay que trabajar, pero sonreír también. Aunque sea sólo por la mujer que lleva las riendas de la política local, tan cómoda de ver...

Y si no eres de Onil, ni de Almazán y alrededores (que allí sí lo celebraron como debe ser, a no ser que mis colegas sorianos sepan también fabricar esas escenas), ni de Madrid, Santiponce, Costur y el resto de lugares agraciados por la suerte a lo largo y ancho de la piel de toro, pues lo dicho, a seguir con la salud y el curro diario, que es lo que toca. Por mi parte, sigo amoldándome a trabajar rodeado de alcoyanos (que tiene su mérito, mucho más del que os podéis imaginar), alcoyanos que además me sacan unos cuantos añitos, salvo una sola excepción. Y resultará difícil de comprender, pero estoy encantado de volver a ser el último mono, al menos por ahora. El ambiente es mucho más serio y disciplinado que en la anterior redacción, pero eso a la vez hace que el trabajo salga de forma más rápida; además, la aludida seriedad no se ha transformado por el momento en presión, con lo cual estoy contento. Espero que así siga. Mis ingresos mensuales se reducirán un poco, pero tampoco me importa demasiado si mi salud mental (y física, por ende, mejora).

La Navidad está resultando un poco frenética en el terreno laboral. Si el 22 de diciembre cayó el Gordo de Navidad en Onil, el 25 falleció un conocido personaje ibense, presidente de la patronal de la más conocida de las industrias locales. Fue también el último alcalde de Ibi elegido por dedocracia y primero por democracia, primer edil entre 1976 y 1983. Años convulsos en toda España, también en Ibi, aunque por razones no propiamente políticas, sino por las consecuencias del desaforado crecimiento experimentado por la población desde 1955, y que comenzaba a frenarse en esa época. No defenderé su tendencia política, y menos aún compartiré su fervor religioso, pero consideraré que esta persona realizó una buena gestión municipal en muchos aspectos. No sólo se racionalizó por primera vez el crecimiento urbano, sino que se crearon numerosos equipamientos y se mejoraron diversos servicios que incrementaron la calidad de vida de los habitantes de un pueblo hasta convertirlo en una pequeña ciudad. Además, siempre estaré agradecido de la colaboración que me brindó de forma totalmente desinteresada para un trabajo sobre la Transición en Ibi, sin apenas conocerme, como satisfecho me sentiré de haberle hecho llegar a tiempo una copia. Sé que la actitud de esta persona en determinados ámbitos y con determinadas personas (algunas muy cercanas a mí) resultó más que discutible, pero no quiero entrar en eso, prefiero guardármelo para conversaciones en privado, no quiero que esta bitácora sea un lugar para la polémica (ésa es la razón por la que, entre otras cosas, ni siquiera pongo su nombre). Por lo que a mí respecta, sólo recalcar que me alegro de haber conocido de primera mano a esta persona y que guardaré la escueta carta manuscrita con la que me agradeció que le enviara mi trabajo, hace apenas dos meses.

Su entierro, hoy 26 de diciembre, ha sido otra nueva cita importante en la escasa semana que llevo trabajando en Alcoy. Un acto luctuoso que ha seguido a otro mucho más alegre como fue el de Onil; la vida misma, que un día sube y otro baja... Todos tenemos nuestro particular Tour, donde un día se sube el Alpe d'Huez y a la jornada siguiente viene una etapa llana. Y ni los más populares e influyentes se salvan de los zarpazos.

En fin, lo dejo por hoy, dispuesto a seguir altivo. Trataremos de que la pendiente siga siendo benévola el mayor tiempo posible.

Saludos al personal.

Tránsito del 26 al 27 de diciembre de 2006


PD. En el día que comienza hace dos años de un episodio aparentemente intrascendente como es una conversación de cafetería, pero de ésas que se quedan grabadas en la memoria. Siempre me alegraré de haberme decidido, el 27 de diciembre de 2004, a pillar el coche e irme hasta Ontinyent para disfrutar de una amena charla, con dos efímeros descafeinados con leche como testigos. Nunca sabes dónde vas a pasar tus mejores ratos, y desde luego, que aquella fría tarde ignoraba que fuera a recordarlo al cabo de dos años como uno de ellos.

15 diciembre 2006

El meu cor no és d'Alcoi, però...


Hola de nuevo,

Advierto que no me he metido en ninguna secta, ni he encontrado el camino de la fe. Y no, no estaba borracho, aunque la imagen pueda invitar a pensarlo. Sí que era el amanecer posterior a una noche de juerga, "en un pueblo con mar", que diría la canción, aunque para no variar, por aquello de la conducción y de los problemas estomacales prescindí por completo del alcohol. Simplemente me dio por hacer el imbécil cuando Alicia sacó la cámara, mientras culminábamos en el Postiguet toda una noche fogueril en Alicante. Sí, aquella que estuve con la libreta en la mano todo el rato, y que dejé sobre la arena para inmortalizar el momento.

Mucha meditación, como la que simulo estar haciendo en la imagen, me habría hecho falta estos últimos días, en que no sé si, más que el Tour, estaba haciendo la Vuelta a España y me costaba subir la Carrasqueta o la estaba bajando a toda leche y sin frenos (hostia asegurada, vamos, y no precisamente sacra). Y un poco de plegaria me hace falta para que culmine un cambio que ha venido de forma inesperada, repentina, aunque también buscada. Nunca he tenido demasiada estima por la ciudad en que nací (y en cuyo Registro Civil fui inscrito, mal que me joda al cabo de los años), pero de repente me ha dado un extraño anhelo por ella. La puerta del zapato se cierra al tiempo que se entreabre la del puente.

Alcoy, o Alcoi (si se opta por esta forma, pronúnciese abriendo y alargando bien la o) es de esas pequeñas ciudades burguesas y provincianas venidas a menos que se empeña en mantener la apariencia de un esplendoroso pasado que hace tiempo que decayó. Núcleo industrial surgido en un lugar casi imposible, capital indiscutible de facto hasta hace muy pocos años de una amplia área de las comarques centrals de la Comunidad Valenciana (sur de Valencia y norte de Alicante), 66.396 habitantes en 1981, 65.514 en 1991, 60.288 en 2001, tímida recuperación hasta los 60.931 actuales... Todavía atravesada por una carretera nacional (¡en los tiempos que estamos!), gris, sucia, decadente, cortada en pedazos por varios barrancos en cuyo fondo aún humean viejas fábricas (y por cuyas paredes sube la legionella en forma de vapor), cosida por vetustos puentes de imponente altura... Y qué decir del carácter altivo de sus gentes, que roza en ocasiones lo inenarrable... Pero todo eso, de lo primero a lo último, me genera una cierta seducción. Alcoy es como esa amiga fea que, no sabes por qué, pero le ves un encanto especial, que hace que te resulte próxima, no sólo geográficamente, a pesar de que tus planteamientos sean distintos a los suyos.

La ciudad que por siempre figurará en mi DNI como el municipio en el que nací (por mucho que reniegue de ello) va a ser, previsiblemente, mi próximo destino laboral, de forma conjunta con Alicante capital. Es decir, que mando Elda a la m'Elda. Las cosas son aún susceptibles de no variar (hay una mínima posibilidad), pero todo parece indicar que sí lo harán. Una etapa de dos años y medio puede estar a punto de cerrarse. Me deja muchas cosas buenas, desde la amistad de Joan Carles Julivert a toda la gente que he conocido en Aspe, un pueblo en el que antes de julio de 2004 sólo había estado una vez y al que ahora espero volver de visita con cierta frecuencia, pasando por detalles casi insignificantes pero que me resultan entrañables, como la papelería que hay cerca de la oficina, regentada por dos mujeres muy amables y donde todo es fantásticamente barato... Vamos, que me saldría a cuenta seguir yendo a comprarme los bolígrafos, pagando el gasoil del viaje y todo...

Pero el Vinalopó no es una tierra demasiado amable para trabajar, y no por su escasez hídrica. Imagino que un productor de uva de mesa lo pasará peor que yo, pero estos dos años y medio no han sido un camino de rosas, y tampoco por tener que transitar por la asquerosa A-31 todos los días. Me tiraron en paracaídas en mitad del desierto y como pude sobreviví, llegando a menudo a malvivir. Pero bueno, ahora que se ve la luz al fondo del túnel, igual que en esta otra imagen, prefiero olvidar lo malo y quedarme con lo bueno, que también lo ha habido. Mirándolo por el lado positivo, a mí que me gusta tanto recorrer pueblos, ya no me queda un solo municipio del Alto y Medio Vinalopó sin visitar. Desde Beneixama hasta Hondón de los Frailes, me los he recorrido todos, y también varias de sus pedanías. Este trabajo me ha permitido conocer lugares como La Encina, que ningún aficionado al ferrocarril debe dejar de ver al menos una vez en la vida (y yo ya llevo dos, la última hace bien poco). O la Colonia Santa Eulalia, fantasmagórica y espectacular, extraordinaria. O Ubeda (sin tilde y sin cerros), un lugar de sempiterna paz donde aislarse y pensar que el tiempo se ha detenido. Lo mismo que les Cases del Senyor, aunque en este caso se trate de un núcleo bastante más populoso (si se puede llamar así a una aldea de 268 habitantes, claro). En suma, grato recuerdo deja también el Vinalopó, por mucho que haya cantidades ingentes de momentos que reclaman el olvido.

En fin, espero que después de tantas elucubraciones, todo no se quede ahora en un espejismo. Como apuntaba en el título, el meu cor no és d'Alcoi, però... el seu nom em genera ara impaciència, expectació, potser il·lusió. Así que a ver si acabamos celebrando el fin de año con un nuevo destino (¡¡¡no necesariamente pasando la Nochevieja allí, por favor!!!) y Camilolandia me sigue transmitiendo simpatía a pesar de todo. El tiempo lo habrá de decir, y bien pronto.

Hablando de fines de año, y con esto ya me voy, rescato una imagen que Alicia ha publicado también recientemente en su bitácora personal. Una fotografía que se captó hace la friolera de diez años, en la Nochevieja de 1996, y precisamente con mi cámara de fotos. No tuvimos nada mejor que hacer que dar la bienvenida a 1997 saliendo disfrazados por los entonces atapeíos (que dirían por ahí arriba) tugurios de Ibi. Dimos el cante, pero cómo noh lo pasemooooohhhh... Podrá observarse que la pitillera que pende de mis labios no lleva cigarrillo; lo de fumar (tabaco) nunca ha sido lo mío. También se podrán observar las sobredimensionadas dimensiones de mis gafas... Afortunadamente, las modas han cambiado, aunque la fotografía siga ahí para recordarnos que lo cool se vuelve hortera en sólo unos años.

Saludos varios, sense l'aigua hasta el coll.

Madrugada del 15 de diciembre de 2006

03 diciembre 2006

Esperpento y surrealismo (y furia tecnológica)

Hola,

Comienzo la redacción de una entrada en la bitácora nada menos que a las 4.23 de la madrugada. Bueno, más bien la retomo. Llevaba 40 minutos escribiendo, fiel a mi tradición persianera, cuando de repente no sé a qué tecla le he dado que se me ha publicado todo lo que llevaba en forma de borrador. Al pulsar el botón Atrás para seguir redactando, he perdido casi todo lo que había escrito. Así que he pasado en una fracción de segundo de estar evocando años de la Universidad a tener una mala leche del copón. Que no me pongo a dar voces por la hora que es, vamos. Las daré por escrito, pa desahogarme: ¡¡¡ME CAGÜEN TÓ LO QUE SE MENEA!!!

Trataré de retomar todo lo que estaba explicando. Había comentado que volvía a escribir tan pronto por un par de situaciones más o menos curiosas que se me han producido en estos escasos dos días. Aún no había terminado de explicar la primera, para la cual me había retrotraído al viaje que hice a Madrid y Guadalajara el pasado mayo, en que tuve el arrebato de comprarme un teléfono móvil porque me había dejado el mío en casa. A la vuelta intercambié las tarjetas de ambos aparatos, para quedarme el nuevo con mi número de siempre (el que mantengo desde el 15 de octubre de 1999), pero no caí en que en el teléfono antiguo se quedaba grabada toda mi agenda. Ese aparato ahora lo utilizan mis padres, dos sexagenarios que apenas si se aclaran para llamar con un móvil, conque no digo para mirar agendas, enviar mensajes y esas cosas. ¿Qué ha pasado? Que mi padre, sin saberlo ni pretenderlo, ha llamado en las últimas semanas a un viejo amigo de la Universidad en varias ocasiones. Y que además es, precisamente, el único de todos mis amigos de aquellos tiempos aún no muy lejanos que ha adquirido cierta notoriedad pública.

Ignoraba mi padre quién tenía al otro lado del teléfono cuando Daniel le devolvió la llamada. En el texto que se ha perdido para siempre había explicado el grado de amistad que mantuve siempre con esta persona, no de esas profundas en las que te cuentas hasta la única confidencia, pero sí constante durante todos los años de carrera, salvo ya más al final, en que yo me preocupé más por terminar los estudios con celeridad y dejar de esquilmar la economía familiar, al tiempo que también entablé relación con otro grupo de personas, mientras él se desenvolvía ya en el terreno laboral. Siempre con su peculiar y entrañable sentido del humor, compañero de múltiples farras por diversos rincones de Barcelona y alrededores, de amenos cafés, de algún trabajo en grupo (uno de ellos memorable pese a los años transcurridos, La punyetera tetera, magnífico aborto de radionovela) y también de unas cuantas conversaciones serias, claro que sí. Lamento mucho que después nos distanciáramos, siempre me pareció de esas personas que no defraudan. Tras terminar yo la carrera nos vimos en varias ocasiones en que me dejé caer por Barcelona, aunque la última fue en octubre de 2003, justo cuando empezaba a disfrutar de esa notoriedad pública a la que hacía antes referencia. Desde junio de 2005 no hemos hablado tampoco por teléfono, algo que me pesa un tanto, porque como digo, era de esas personas con las que, en un momento dado, se va perdiendo paulatinamente el contacto, sin que haya problema alguno.

De igual modo que un boletín radiofónico sobre el estado del tráfico me hizo recordar a otra chica de la Facultad hace unos días, este malentendido con la agenda de un teléfono móvil me ha devuelto a Daniel al primer plano de la memoria. Una memoria que no es para todos igual, y que puede hacer perfectamente que esta persona no guarde el mismo recuerdo de mí, aunque para mí siempre será, como digo, un entrañable amigo de los años universitarios, con el que lamento no haber mantenido después el mismo contacto. No estaría mal que este asunto sirviera de excusa para, al menos, volver a hablar; ya lo he intentado, pero sin éxito en un principio. Con aquello de que conservamos bastantes amigos comunes (Joaquín sí mantiene mucha más relación con él), a ver si algún día acaba leyendo esto y puede leer que le envío un fuerte abrazo y el deseo de que esa notoriedad pública siga... Salud, amigo.

Todo esta cuestión sería el "surrealismo" al que aludía en el título. El "esperpento", ciertas escenas vistas esta noche en la celebración del 2º cumpleaños de mi sobrino pequeño (¡hermanos pequeños al poder!) por parte de ciertos sujetos vinculados a mi hermano como familia política... Qué griterío, por favor... Me quedo con el viaje de vuelta que he hecho desde Alicante, al salir de trabajar, escuchando a Queen a toda castaña en el coche e interpretando las piezas en la medida de lo posible (conducir con prudencia es lo primero); si alguien se ha fijado en mí en alguna rotonda habrá pensado que me falta algún hervor o me he pasado de vapor. Cómo me encanta hacer el indio en el coche escuchando Bohemian rhapsody, Breakthru o Don't stop me now... Y no digamos I want to break free, que se me acaba de ir la olla y me imagino que el volante es una aspiradora. Ansiolíticas, igual que Murcia.

En fin, que para seguir viendo al par de garrulos que había en la citada reunión de familia política fraternal, que no dejaban hablar al resto de los que estábamos allí con sus alaridos, he preferido venir a casa a abstraerme en la red. Ahora que vienen las Navidades, con sus cenitas varias, esperemos abstraernos con actividades más socializadoras, jejeje... Que, como me apuntaban el otro día, hay que seguir llenando esto con fotografías nocturnas, que si no estos tostones se hacen muy aburridos.

Bueno, majetes, pues hasta aquí la verborrea antoniana por hoy. Voy a ver si el estómago no me da problemas en posición horizontal, que ya me ha dado bastante por saco durante la jornada de un sábado que comenzó con cobertura informativa de un acto político. A veure si arribem a la Glòria!!!

Saludos a todos, especialmente a los que vayan a pasar el puente de la Constitución currando. Yo también lo haré.

Casi que primera hora de la mañana del 3 de diciembre de 2006