26 agosto 2007

Una batallita de 1995

Hola,

Esta vez no voy a aburrir al personal con fotos en cantidades industriales, sino con un poco de verborrea. La práctica totalidad de los lectores de este blog ya saben que yo acudí en abril de 1995 a un concurso televisivo cuyo nombre no pondré aquí, una experiencia de la que queda algún que otro recuerdo gráfico que tampoco pienso colgar aquí de momento. Tampoco me voy a prodigar ahora en enumerar municipios de España, sino en contar algo que sucedió a los pocos días de mi aparición en la pequeña pantalla y que creo no haberos contado a todos.

Unos diez días después de la emisión de aquel concurso, llegó a mi casa una extraña carta. Como destinatario figuraba yo, identificado como "Ganador del concurso...", sin dirección alguna, sólo mi localidad de residencia. Aquella carta, por difícil que pareciera, llegó a mis manos. Al leerla, me quedé totalmente sorprendido. Se trataba de un anciano residente en Madrid, próximo a cumplir ya 80 años, al que mi aparición televisiva le había hecho recordar sus años de juventud. Esta persona pretendía, en la Segunda República, optar al cuerpo de Correos, para lo cual era obligado entonces aprenderse todos los municipios de España, dada la inexistencia de códigos postales.

Este hombre nunca pudo cumplir su deseo, ya que durante la Guerra Civil se perdió su título de Bachiller. Sin embargo, 60 años después, debió comprobar estupefacto que al otro lado de la pantalla del televisor había un quinceañero que tenía la misma pasión por la geografía de España que él. Por ello, sintió la necesidad de contactar conmigo y lo intentó. Sabía que era difícil, pero el "no" ya lo tenía. Y, sin embargo, encontró un sí.

Mantener correspondencia con aquel abuelete y llegar a conocerlo personalmente es una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi aún corta vida. Lamentablemente, dejé de saber de él a comienzos de 1998, de golpe. Imagino que su avanzada edad le pasaría factura. Yo, cobarde de mí, nunca tuve el valor de intentar comprobarlo. Hubiera bastado con ponerme en contacto con su familia, que sabía cómo. Pero me dio apuro.

Ahora, a finales de agosto de 2007, me he vuelto a acordar de este entrañable anciano porque también he sentido la necesidad de comunicarme con una persona a la que no conozco, de la que he sabido también a través de un medio de comunicación. He recordado la decisión que tuvo aquel hombre, escribiéndome una carta, así que he creído oportuno actuar de la misma forma. La tengo ya redactada, lista para mañana enviarla a una dirección que no sé si es la correcta, pero que tengo indicios de que pueda serlo. Habrá quien piense que estoy loco o que me estoy metiendo donde no me han llamado, pero yo creo que enviando esa carta estoy siendo consecuente conmigo mismo y haciendo, esta vez sí, todo cuanto está en mi mano para intentar saber si puedo ser de ayuda a otra persona.

Saludos a todos.

Trance del 26 al 27 de agosto de 2007

2 comentarios:

PINTO dijo...

pero ahora no nos dejes asín,
hombre de Dios!

la enviaste?

te contestaron?

quién era?

la Obregón?
pfffffjajajaaj

Antonio dijo...

Joer, Pinto, me ha costado lo suyo ver este comentario, perdido en la inmensidad de los archivos. Claro que envié la carta, pero, lo que son las cosas, sabiendo ya que el destinatario la esperaba (léete la entrada 'Desfasada en un solo día', que ahí se explica). Y sí he recibido respuesta, no vía carta pero sí por correo electrónico. En cuanto al destinatario, no era precisamente la Obregón, por suerte en esta vida hay muchas otras cosas, y mucho más serias, que esa mujer. Ya te explicaré en privado.

Saludos y gracias por rastrear un poco en el pasado de este blog.