31 diciembre 2009

Hasta no más ver pero sí recordarte, 2009

Hola,

He estado dándole vueltas a qué tipo de entrada escribir para acabar el año; que si una parrafada, que si una colección de imágenes de estos doce meses... Y al final he optado por publicar la imagen de felicitación que envié a mis contactos de correo electrónico, porque creo que resume de manera fidedigna todo lo que pudiera querer decir:



El año 2009 termina con más incertidumbre de lo que empezó, en diversos sentidos, y ha tenido algún que otro sinsabor. Sin embargo, no puedo decir que haya sido un mal año en términos generales. Ha habido muchas cosas positivas, y prefiero quedarme con ellas. Tal vez esté siempre divagando acerca de lo mismo, pero es que no creo que esté de más el ser optimista, ni que sea como consejo a uno mismo. La eterna historia de volverte a levantar cuando te caes de bruces: una obviedad mil veces sabida, pero no por ello menos certera.

Se va 2009 y no volverá, como todos los años anteriores, pero, como decía en el título, sí se recordarán muchas cosas de él. Y, ni mucho menos, todas serán malas. Me voy a intentar celebrar de la mejor forma posible la llegada de 2010, pero me despido del año como merece, con una gran despedida, aunque sea con una canción que no es de 2009 sino algo anterior. Por cierto, que es de agradecer que TV3, la televisión catalana que tanto añoro no poder ver desde hace algún tiempo, permita que los vídeos que sube a Youtube se puedan insertar en otras páginas. Aquí va una actuación de Pastora en el programa El Club; riguroso play-back, como no podía ser de otra forma, pero con Dolo Beltrán haciéndolo lo mejor que sabe:




Hale, saludos al personal y feliz entrada en 2010.

Llega la noche del 31 de diciembre de 2009

28 diciembre 2009

Escepticismo en vena

Hola,

Dentro de la generalizada pérdida de las buenas costumbres que voy padeciendo con una intensidad cada vez mayor, uno de los síntomas que acuso es la continua postergación en las actualizaciones del blog. ¿Postergación? ¿Está bien empleado el término o me acabo de marcar un palabro? No lo sé. De todas formas, no me importa excesivamente, porque la pureza del léxico no va a ser el tema de esta entrada. Si aludía a esa continua pereza para las actualizaciones de la bitácora, como un síntoma más de mi desgana generalizada, era para decir que, al final, la nueva entrada ha coincidido con una fecha tan señalada como el 28 de diciembre.

Lo que más me gusta del 28 de diciembre es, sin lugar a dudas, la fiesta de Els Enfarinats de Ibi. Ya he hablado de ella otros años, y vuelvo a decir lo mismo: me agrada mucho que, pese a su carácter hermético (los que participan activamente en la fiesta son ellos y sólo ellos), sea una celebración tan singular y tenga esa gran proyección, gracias a la difusión que le dan los medios de comunicación. Es, además, para mi gusto, muy divertida para la contemplación, y en años anteriores me ha encantado ver cómo el público que la seguíamos era numeroso y en parte procedía de otros lugares. En años anteriores, porque esta vez no he asistido. Tenía el día libre y me he quedado en la cama.

No ha sido algo malintencionado, ni nada que tenga que ver con Els Enfarinats. Simplemente, me he levantado demasiado tarde. En los tres años anteriores no había sido así. Tenía, digamos, la obligación de asistir a esta fiesta, para escribir un artículo que al día siguiente apareciera en más de 30.000 periódicos. Me sentía un afortunado en la noche del 27 de diciembre de 2006, siguiendo como espectador, vecino y reportero el hilarante Bando dels Amantats. Fue un reto resumir tres horas de desternillante sátira en apenas 45 líneas, y contar la fiesta del día siguiente en otras 100. Humildemente, espero que no quedara mal. Volví a ser la trinidad del espectador, vecino y reportero en 2008, pero antes, en 2007, pude hacer también las veces de anfitrión a los amigos que vinieron a presenciar la batalla de harina, huevos y pólvora de cada 28 de diciembre en Ibi.

Ahora, cuando 2009 acaba, lo que ocurra en Ibi no me importa más que a cualquier otro vecino de a pie. No tengo nada que contar de aquí, y no sé si algún día volveré a tener algo que decir. Por el momento, mi presente está a 40 kilómetros al sur, y mi futuro más inmediato. El más inmediato, porque de lo que venga después, no sé nada y prefiero no saberlo. Algunos colegas parecen no poder vivir sin especular sobre lo que deparará el invierno de 2010, pero yo prefiero hacerme el bobo. Claro que me importa qué será de mí, pero si no está en mis manos, ¿para qué quiero preocuparme antes de hora? Prefiero observar desde la distancia, con el lado positivo que ofrece esta desgana: la cara práctica de la desconfianza, la que te desposee de elucubraciones, de infundados temores y de vanas esperanzas.

La vida empieza cada despertar y hay que lidiar hasta el momento de volver a la cama. Y prefiero llenarme con lo bueno que me ofrece cada día, por banal que sea. En este 28 de diciembre, como buen malhumorado que soy y enemigo de las tomaduras de pelo, me alegro de la estupenda noticia de unas probables pequeñas vacaciones a corto plazo. Será el ocaso de esta primavera en invierno, pero hay puestas de sol maravillosas, así que se intentará disfrutar de ella. Pero eso sí, antes, a esperarla con pies de plomo, pacientemente y sin ansias que luego puedan generar frustración.

Otra pequeña felicidad, mucho más banal, ha sido la publicación de las cifras oficiales de población a 1 de enero de 2009. Cada loco con su tema, así que yo sigo con el mío. Desde hoy, y hasta finales de 2010, vivo oficialmente en un municipio con 24.113 habitantes, una demarcación provincial con 1.917.012, una comunidad autónoma con 5.094.675 y un estado con 46.745.807. Ahora, a ver qué ayuntamientos han ganado población, cuáles la han perdido... y, sobre todo, si sacamos titulares periodísticos de todo ello. Una banalidad, sí, pero las aficiones ofrecen larguísimas horas de entretenimiento, así que, a quien le llame la atención, es su problema.

Decía que odio las bromas, sobre todo las que merecen la etiqueta de "de mal gusto". Y pensaba que así lo era esta noticia, hasta que he visto que aparecía en todos los medios de comunicación de la Comunidad Valenciana:




El show de Joan Monleón fue etiquetado como el colmo de la cutrez, lo hortera y lo kitsch, pero con los años, y visto lo que ha sido de la televisión pública que pagamos esos 5.094.675 contribuyentes a los que antes aludía, creo que se ha convertido en un espacio más que digno. Mítico, me atrevo a decir. Toda la gente que ahora tiene de 25 años en adelante es capaz de recordar melodías pegadizas como A guanyar diners, y retiene en su memoria imágenes tan sui generis como la de la paella russa dando vueltas. ¿Un programa ridículo? Según como se quiera mirar, probablemente sí. Pero también era un espacio ameno y participativo, de producción propia (i molt pròòòpia, cabría decir), y en valenciano, conceptos todos ellos que escasean en nuestra televisión pública desde hace muchos años. Si mi madre, después de vivir desde 1971 en Ibi, aprendió que clòtxina significaba "mejillón" y cuixa quería decir "muslo" gracias a un programa de televisión que empezó a emitirse en 1989, creo que, por la parte que me toca, debo estar agradecido a sus creadores por su labor pedagógica. Y que digan lo que quieran las mentes pretenciosas y pretendidamente biempensantes.

Este campanario también apareció en aquella mítica sección de On sonen hui les nostres campanes?, y yo llamé para intentar llevarme las 75.000 pesetas que había en juego, pero el teléfono no paraba de comunicar. No recuerdo de dónde era la señora que se llevó el premio, pero, efectivamente, supo que ese día las campanas sonaban en Ibi. Estas mismas que lucían en una soleada y nevada mañana del pasado 15 de diciembre:




Supongo que mañana doblarán otras campanas en memoria de Joan Monleón. O tal vez lo despedirán en una ceremonia civil. Lo que está claro es que, salvo broma de muy mal gusto y tomadura de pelo extrema, se ha marchado para no volver. Eso es una certidumbre. Como todo lo que ya es un hecho. Sobre lo que está por venir, como digo en el título de la entrada: escepticismo en vena.

Saludos al personal.

Noche del 28 de diciembre de 2009

16 diciembre 2009

El narcótico efecto del optimismo a corto plazo

Hola,

Demasiado título para lo que en realidad quiero contar. Nada en especial. Que me entra una risilla floja y tengo ganas de bailotear canciones indie en alguno de esos antros que suelo frecuentar por el casco antiguo de Alicante. Que me gusta cansarme de trabajar, pensando en la nómina que vendrá a final de mes. Y, sobre todo, que me encanta cansarme de no parar de hacer aquello que me gusta en mis días libres. Que me encanta disponer de ese tiempo, y de una mínima solvencia económica para poder llevar mis planes a cabo. No necesito mucho dinero en la cartera, pero sí el suficiente para poder llenar el depósito del coche y comer a mesa puesta, sin necesidad de lujo alguno, eso sí.

El pasado martes pude darme otro de esos pequeños placeres, visitando con Santi los restos del inacabado ferrocarril Baeza-Utiel en la parte más próxima a esta última localidad, desde el frustrado paso sobre el río Cabriel. Una obra más del megalómano Plan Guadalhorce, una más de tantas que se dejó a medias, abandonada para siempre en mitad de la nada. Un proyecto con muy buenas intenciones y prácticamente ningún resultado, que hermana a Ibi con Venta del Moro, con Villanueva del Arzobispo, con Bornos, con Alfambra, con Aldeanueva de Barbarroya y con tantas otras localidades cuyos habitantes soñaron despiertos entre 1926 y 1932 con un ferrocarril que estaba al llegar y finalmente nunca apareció. Los más viejos de Ibi aún recuerdan la ilusión que generaba el avance de las obras; eran niños de apenas diez años y hoy, ancianos con más de 90, aún hablan de las tardes de 1927 como si hubiera sido ayer mismo.

Imagino que en los pueblos por donde iba a pasar la línea Baeza-Utiel aún quedará alguien que viviera aquellos tiempos. Me hubiera gustado tener la misma suerte que la tarde del día anterior, cuando paré en l'Orxa, y encontrarme en Villamalea o en Venta del Moro a alguien que me pudiera hablar del frustrado tren, pero no fue así. Sí pude captar, no obstante, cierto orgullo por la vía en un par de vecinos de Venta del Moro a quienes pude comentar qué hacíamos por allí. Hoy no son más que unas obras abandonadas sin terminar, un camino discontinuo que cuesta seguir, pero por el cual aún así se puede trazar una interesante ruta. Comencemos por el impresionante viaducto sin terminar sobre el Cabriel, en la aldea de Los Cárceles, que a un lado del río pertenece a Villamalea y al otro a Venta del Moro. Hay que contemplarlo desde abajo, y pasar de Castilla-La Mancha a la Comunidad Valenciana por dos pontones de madera, pero desde allí se puede seguir, aunque no siempre sobre el terreno, la frustrada vía hasta las proximidades de la aldea de Los Marcos:












Y algo más allá de lo puramente ferroviario:

La parte castellano-manchega de Los Cárceles:


El precioso paraje que ha creado el curso del río Cabriel:


La villa de Venta del Moro, donde se hallaban en Fiestas Patronales:



Un lugar donde no sólo me sentí un dominguero, sino además con mucho orgullo. ¡Mi primer puente de cuatro días enteramente libre en seis años! Comimos en el bar Cervera, el de Juli lo llamaban los vecinos que nos indicaron, un local discreto, sin ostentación alguna, pero ni falta que nos hacía, y, lo más importante: limpio, cómodo, con una atención amabilísima, muy barato y donde comimos como dioses. A los demás no sé, pero a mí me sobra con eso.

También muestro estos otros lugares:

La presa del embalse de Contreras, y el puente que, a sus pies, salva el Cabriel desde hace 200 años:






Vestigios del pasado en lo que hasta la década de 1970 fuera la N-III. Parece como si el tiempo se hubiera detenido:



Al otro lado del Cabriel, la provincia de Cuenca. Castilla-La Mancha, otra vez. Un poco más allá, la villa de Minglanilla, un buen lugar para pasear cuando cae la temprana noche de diciembre, siempre y cuando el termómetro se porte bien:



Y en el camino de vuelta, otra vez en la Valencia castellana (pero ahora en la histórica, no de incorporación posterior), la villa de Cofrentes, que ya tenía vista, pero por la que se agradeció otro paseo:




Debo admitir que las fotos nocturnas no son mías, sino que las hizo Santi comprobando las posibilidades que ofrecía mi cámara. Pero me aproveché de ello sólo unos pocos días después, cuando la nieve volvió a caer sobre Ibi después de casi tres años de ausencia. Gracias a la configuración manual que había quedado guardada en la cámara, pude sacar estas fotos de mi barrio en plena nevada:





A la mañana siguiente, las calles de Ibi ofrecían este bucólico aspecto. Bueno, depende de por dónde se quisiera pasar, podía resultar peligroso, con las aceras convertidas en pasarelas con una capa de 10 centímetros de hielo:










¿Y qué tal esta estampa de la sierra de Onil, con la población homónima a sus pies?




No puedo quejarme en estos últimos días. Tendría motivos para ello si el mal rato del lunes, en plena nevada, cuando perdí el control del coche yendo a sólo 20 kilómetros por hora, hubiera tenido malas consecuencias. Pero por suerte todo quedó en un susto sin importancia. Así que a seguir disfrutando de lo bueno mientras dure, que ya sabemos que es efímero y que luego estos momentos se añoran. Apurar el momento, toda una máxima para quienes no creemos en nada más que lo que hay aquí. Luego nos pudriremos, y punto. Y da miedo, sí, pero no hay que pensar en que vaya a llegar. De momento, a disfrutar.

Saludos al personal.

Noche del 16 de diciembre de 2009

07 diciembre 2009

Marchando una de casualidades

Hola,

Entre las muchas divagaciones que se me ocurrían como hilo conductor de esta entrada, he escogido la de esas curiosas coincidencias que a veces se dan para bien, y que, cuanto menos, te hacen darle unas cuantas vueltas a la cabeza. He tratado ya algunas veces el tema, pero una sucesión de casualidades casuales ocurrida en los últimos días me ha animado a darle un poco más de protagonismo al asunto. Creo que hay motivos para ello.

No esperaba que la pregunta que dejaba caer en la entrada anterior, acerca de si Les Catalinetes se celebraban en algún lugar más que en Ibi, tendría una respuesta tan extensa y clarificadora. La solución a la incógnita llegó desde Xàtiva, y desde un blog que hace referencia a la ominosa fecha en la que el rey Felipe V ordenó la quema de la ciudad, en el año 1707. Curiosamente, un solo día antes, en el foro de Saber y Ganar se había preguntado por el cuadro de Felipe V que cuelga boca abajo en l'Almodí de Xàtiva y el motivo, así como la fecha concreta del hecho. Por un solo día, la casualidad no fue aún mayor.

Diciembre empezó poco después, y prácticamente lo hizo con la preparación de un reportaje que me llevó por algunos pequeños pueblos de El Comtat. Resulta curioso acabar tomando café en una casa de uno de esos pueblos, junto con sus propietarios, el alcalde y un compañero del periódico, pero más curioso es que los anfitriones sean los padres de otra persona con la que hablaste cinco años atrás para otro reportaje. Es lo que tiene que en Benillup apenas vivan 100 personas, que si hablas con dos de ellas con cinco años de diferencia es probable que resulten ser familia.

Y ya, si resulta que a los pocos días encontrando al hijo en cuestión (aquel con el que hablaste en 2004) y le cuentas que has estado en su casa, tomando café con sus padres y con el alcalde, la casualidad es mayor. Y mayor aún, teniendo en cuenta que este encuentro no se produjo en Benillup, ni en los alrededores, sino en un punto relativamente distante como Simat de la Valldigna. Un pueblo que no había visitado hasta ahora y al que me llevó otro hecho curioso.


Simat de la Valldigna, junto con el vecino pueblo de Benifairó de la Valldigna, acoge estos días el 33 Aplec Excursionista dels Països Catalans. ¿Y qué hace un chico como yo en un sitio como ése? Pues, de la mano de la invitación efectuada por Robert Llorca, ofrecer una charla sobre transporte público, y especialmente sobre las comunicaciones ferroviarias de la mitad sur de la Comunidad Valenciana, junto con un consultor de movilidad. Como tema central, la conexión ferroviaria entre Gandia y Dénia, interrumpida en 1974 con la clausura de la línea de vía estrecha que existía y aún no reestablecida pese a 35 años de continuas promesas que hasta ahora se han quedado en nada.

Gandia y Dénia, la Safor y la Marina Alta, Valencia y Alicante. ¿Alicante? ¿La Marina Alta es Alicante? Hace muchos años que pienso que, según se mire, lo es o no. Desde luego que Alicante queda muy lejos de Dénia, a años luz en algunos aspectos, y Valencia está mucho más cerca en muchos otros. Me lo dejó aún más claro, por si a estas alturas aún no me había dado cuenta de ello (y mis múltiples visitas a ambas comarcas en los últimos diez años no me hubieran sido suficientes), el señor de Xàbia que me interrumpió en la parte final de la conferencia. Un tipo con el que luego estuve hablando y que resultó ser muy amable y gran conversador, però home, vigila les formes, i no veges fantasmes on no n'hi ha, fill meu!!!! Ay, señor, qué vientos soplan a veces en las faldas del Montgó...

Volviendo a Simat de la Valldigna, la gran casualidad aquí hubiera sido encontrarme con Pep Chorro, quien fuera mi profesor de Valenciano en 3º de BUP y COU y al que debo el haberme inoculado la afición por escribir, aunque dudo que él fuera consciente de ello entonces. Simat es su pueblo, y dado que no es una localidad especialmente grande guardaba una mínima esperanza de encontrármelo. Pero no fue así, y la última vez que vi a Pep Chorro sigue siendo el año 1997. Me tendré que conformar con la magnífica estampa del monasterio de Santa Maria de la Valldigna (una joya que al fin puedo decir que he visto), y con la carpa que había instalada enfrente, donde disfruté de una tronchante (cómo no) actuación de Xavi Castillo. Dos horas de interminable risa que no provocan otra cosa sino ganas de ir a otra de sus actuaciones:




Una casualidad más. Hoy, para volver a Ibi, qué mejor que explorar caminos. Ahora que es posible ir por carretera desde Villalonga a l'Orxa, aunque sea a costa de haber destrozado cinco kilómetros de montaña, me he decantado por esa ruta. Primera vez que veía cómo es l'Orxa y, como toda primera vez, sin saber desenvolverme por sus calles. He llegado por una pista asfaltada sin indicaciones, así que no sabía por dónde salir. He decidido preguntarle a la primera persona que he visto, un octogenario que tomaba el sol en una esquina, sentado en una silla.

"Perdone, per a eixir cap a Beniarrés i Muro?" Manera de entablar conversación que ha tenido respuesta y, después, una pregunta hasta cierto punto comprensible en aquel hombre: "D'on és vosté?" "D'Ibi". "Ibi, Tibi, Onil i Castalla; si et foten, calla!... Jo anava molt a Ibi quan era jove; tocava en la banda de música i anàvem per Festes". Una casualidad, incrementada hasta el infinito cuando le he dicho que venía de Almoines, pasando por Villalonga: "Mare, de Villalonga. Si estem al costat, però com no hi havia carretera...! Jo anava molt a Villalonga quan funcionava el tren, perquè era ferroviari". ¡¡Oooooohhh!! ¿Pero qué oían mis oídos?

He preguntado cómo se salía de l'Orxa al que fue su último guardaagujas, hasta el año 1969. Y, al decirle que casualmente ayer yo había ofrecido una conferencia sobre ferrocarriles (entre ellos el antiguo Alcoi-Gandia, el que pasaba por l'Orxa) en Simat de la Valldigna, me ha explicado que allí viven dos hijos de l'Orxa que se casaron con mujeres de Simat... El rizo más rizado.

De modo que Les Catalinetes también se celebran en Xàtiva y otras localidades de la Costera, encontrarse a gente de Benillup es más fácil de lo que parece, Simat de la Valldigna deja un recuerdo muy bueno, siempre es grato volver a Almoines y... tengo que ir otra vez a l'Orxa. Pero esta vez no de paso; seguro que ese último guardaagujas tiene aún mucho que contar.

Saludos al personal.

Noche del 7 de diciembre de 2009