Hola,
Pensaba que me costaría bastante tiempo volver a escribir una entrada, pero al final ha sido menos de lo esperado, por suerte. Todo está aún muy reciente y la sangre mana por la herida abierta. Y no sólo eso: también saltan chispas de irracionalidad, puntuales, pero que a la postre pueden resultar dañinas. Ni la fecha del 25 de septiembre, ni el número 41, volverán a sonar igual, y no tienen el lado tierno de la música de los Dire Straits o del año 1969. Sin embargo, no hay más remedio que convivir con ello, y aprender a asumirlo, cuanto antes mejor, aunque al principio resulte difícil.
Hace tres días que tengo 31 años, pero hasta hoy no he sentido que comenzaba a celebrarlo. Qué fortuna la de un 6 de octubre diferente, de autopromoción en la Universidad de Alicante, intentando captar alumnos aquí y allá, qué alegría la de desconectar con una actividad intensa, qué satisfacción la de una comida en estupenda compañía, la de prolongar la tarde ojeando estadísticas demográficas antiguas (cada loco con su tema), la de más autobombo por la tarde, la de un té y una tónica posteriores, la de echar unas risas, la de un cálido mensaje al móvil... Qué alegría, al fin, poder hablar de mi hermano con una sonrisa de simpática nostalgia y no con la de una infinita y desconsolada pena. Qué alegría poder hablar también de tantas y tantas cosas buenas y divertidas que tiene esta vida. Qué alegría poder despejar la mente.
Para cuando me encontrara mejor, tenía pensado explicar que, además de a los Dire Straits, descubrí a Queen gracias a mi hermano. Deseaba tener fuerzas para escribir la frase de "Anyway the wind blows" con la que termina uno de sus grandes clásicos, Bohemian Rhapsody. Qué fortuna que el día haya tardado tan poco en llegar. Porque, como dice la canción, a pesar de todo el viento sopla o, lo que es lo mismo, la vida sigue. La de mi hermano, desgraciadamente, ya no, pero sí la mía y la del resto de mis familiares. A él no le gustaría verme amargado, ni perdiendo los nervios por él, aunque esa irracionalidad se limite a una amarga rabia al oír el número 41, de la que nadie tiene la culpa.
Un amigo me decía esta tarde que debo llevar cuidado con estas cosas, que no puedo permitir que estas cosas me venzan y dejarme caer en un victimismo que lo único que va a hacer es perjudicarme y aislarme. Cuánta razón tienes, chaval. Lo malo es que en una situación como la que atravieso es tan fácil perder el control de uno mismo... Pero no creas que me tomo a la torera tus palabras, todo lo contrario; tomo el testigo. El viento sigue soplando, y no queda otra que amoldarse a él, como decía. Y no permitir que la vertiente más mala de la melancolía se aloje en mí. La muerte de un familiar no es una carta blanca para pasarse por alto norma de convivencia alguna; la irracionalidad no debe volver a aflorar, pero, ante estas duras circunstancias que a nadie deseo, pido que se tenga en cuenta esta atenuante y que la hostia verbal recriminatoria sea suave, para ser plenamente consciente del error y que el propósito de enmienda sea efectivo. Como decía el señor Mercado, prometo estar agradecido.
Pese a todo, el viento sopla. Por eso, en este 6 de octubre en el que por fin siento que ha vuelto a salir el sol, me quiero despedir con otro homenaje a mi hermano, simpático como recordaré este día: una particular versión de Bohemian Rhapsody con los Teleñecos:
Divertido, ¿verdad? Seguro que Miguel Ángel se partiría de risa al verlo... :-)
Pensaba que me costaría bastante tiempo volver a escribir una entrada, pero al final ha sido menos de lo esperado, por suerte. Todo está aún muy reciente y la sangre mana por la herida abierta. Y no sólo eso: también saltan chispas de irracionalidad, puntuales, pero que a la postre pueden resultar dañinas. Ni la fecha del 25 de septiembre, ni el número 41, volverán a sonar igual, y no tienen el lado tierno de la música de los Dire Straits o del año 1969. Sin embargo, no hay más remedio que convivir con ello, y aprender a asumirlo, cuanto antes mejor, aunque al principio resulte difícil.
Hace tres días que tengo 31 años, pero hasta hoy no he sentido que comenzaba a celebrarlo. Qué fortuna la de un 6 de octubre diferente, de autopromoción en la Universidad de Alicante, intentando captar alumnos aquí y allá, qué alegría la de desconectar con una actividad intensa, qué satisfacción la de una comida en estupenda compañía, la de prolongar la tarde ojeando estadísticas demográficas antiguas (cada loco con su tema), la de más autobombo por la tarde, la de un té y una tónica posteriores, la de echar unas risas, la de un cálido mensaje al móvil... Qué alegría, al fin, poder hablar de mi hermano con una sonrisa de simpática nostalgia y no con la de una infinita y desconsolada pena. Qué alegría poder hablar también de tantas y tantas cosas buenas y divertidas que tiene esta vida. Qué alegría poder despejar la mente.
Para cuando me encontrara mejor, tenía pensado explicar que, además de a los Dire Straits, descubrí a Queen gracias a mi hermano. Deseaba tener fuerzas para escribir la frase de "Anyway the wind blows" con la que termina uno de sus grandes clásicos, Bohemian Rhapsody. Qué fortuna que el día haya tardado tan poco en llegar. Porque, como dice la canción, a pesar de todo el viento sopla o, lo que es lo mismo, la vida sigue. La de mi hermano, desgraciadamente, ya no, pero sí la mía y la del resto de mis familiares. A él no le gustaría verme amargado, ni perdiendo los nervios por él, aunque esa irracionalidad se limite a una amarga rabia al oír el número 41, de la que nadie tiene la culpa.
Un amigo me decía esta tarde que debo llevar cuidado con estas cosas, que no puedo permitir que estas cosas me venzan y dejarme caer en un victimismo que lo único que va a hacer es perjudicarme y aislarme. Cuánta razón tienes, chaval. Lo malo es que en una situación como la que atravieso es tan fácil perder el control de uno mismo... Pero no creas que me tomo a la torera tus palabras, todo lo contrario; tomo el testigo. El viento sigue soplando, y no queda otra que amoldarse a él, como decía. Y no permitir que la vertiente más mala de la melancolía se aloje en mí. La muerte de un familiar no es una carta blanca para pasarse por alto norma de convivencia alguna; la irracionalidad no debe volver a aflorar, pero, ante estas duras circunstancias que a nadie deseo, pido que se tenga en cuenta esta atenuante y que la hostia verbal recriminatoria sea suave, para ser plenamente consciente del error y que el propósito de enmienda sea efectivo. Como decía el señor Mercado, prometo estar agradecido.
Pese a todo, el viento sopla. Por eso, en este 6 de octubre en el que por fin siento que ha vuelto a salir el sol, me quiero despedir con otro homenaje a mi hermano, simpático como recordaré este día: una particular versión de Bohemian Rhapsody con los Teleñecos:
Divertido, ¿verdad? Seguro que Miguel Ángel se partiría de risa al verlo... :-)
Saludos al personal.
Noche del 6 de octubre de 2010
4 comentarios:
Me encanta el video (lo dice una que más de una vez ha sido invadida por el espirítu de la cerdita Piggy).
ánimo y un abrazote.
¡Feliz regreso y felices 31 más 3 días!
Los brotes de irracionalidad se explicarían por los sentimientos de rabia e impotencia que afloran ante la pérdida repentina de un familiar tan cercano, querido y si me lo permites joven. Ha sido un golpe emocional muy duro para ti y tu familia. Pienso que solamente alguien que haya pasado por la misma situación puede entender en su justa medida cómo os sentís realmente; los demás hemos de confiar en nuestra capacidad de empatía.
Por otra parte, me complace observar que el contacto con la gente y el desarrollo de otras tareas distintas a las habituales te están animando a recuperar la alegría y el sentido del humor. El vídeo de los teleñecos es magistral, extraordinario.
Finalmente, como reza la famosa canción adoptada como himno futbolero, nunca caminarás solo. Un abrazo de oso o también muchos apapachos (se dice sobre todo en México y me gusta por su sonoridad).
Esos momentos irracionales ( o no tanto porque todo tiene una causa)van pasando y como dice la canción "no hay mal que 100 años dure..". La vida es un camino lleno de baches y de asfalto perfecto solo hay que saber sortear los primeros y acelerar en los segundos (pero con precaución, eh, que luego la DGT se mosquea :-)).
Desde Gijón muchos abrazos con sabor a manzana de sidra.
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