Hola,
Creo que desde que inauguré este blog, en mayo de 2006, es la vez que más tiempo he dejado transcurrir entre una entrada y otra. Un mes exacto, del 31 de diciembre al 31 de enero. Puede que haya perdido la ilusión, como ocurre tantas veces en la vida; puede que haya perdido las ganas de compartir con el resto del ciberespacio lo que ronda por mi cabeza. Puede que sea de todo un poco. El caso es que, a lo largo de este mes, he pensado en algún momento bajar la persiana. Al final no lo he hecho por no sucumbir a mi propia desgana, aunque admito que poco me ha faltado. Cada vez me cuesta más detenerme ante la pantalla para divagar sobre alguna cuestión, más allá de aquello a lo que obliga el trabajo o que escapa de la inmediatez, facilidad y brevedad que ofrecen herramientas como las llamadas redes sociales. ¿Atrapado por el desencanto general? Es probable.
La frase con la que titulo esta entrada, que hace que enero de 2011 deje constancia en esta bitácora, la conocía como expresión a la que se suele recurrir en estas tierras. Pero tuvo que ser el Bando dels Amantats de 2010 el que me lo explicara. Siento mucho haberme perdido el satírico repaso a la vida social y política de Ibi con el que el frío se hace más llevadero cada 27 de diciembre (sobre todo, por el bando final en la puerta del Ayuntamiento), pero, por suerte, Basseta compartió con todos un extracto de ello en su blog. Gracias a él supe que la expresión "Vergonya, cavallers, vergonya!" viene de cuando Jaime I vio estupefacto cómo sus huestes no tenían muchas ganas de entrar en Mallorca. Pido disculpas por la ignorancia de enterarme de esto a los 31 años. En cualquier caso, ya era una frase que me gustaba, y a la cual encuentro mucho más sentido en este momento.
Más que vergüenza, desánimo es lo que siento cuando veo el pasotismo generalizado de la sociedad actual. Y que nadie piense que voy en plan moralina, sino que hago también autocrítica: formo parte de esa masa apática. En muchas ocasiones, no porque me apetezca, sino porque, igual que en estos tiempos cada cual va a salvar su propio culo, resulta que yo también tengo el mío, y los mártires van a los cementerios en el mejor de los casos. Observo pocas ganas de jugar (por no decir nulas), así que opto por romper la baraja. Pero eso no quiere decir que me guste lo que veo, ese conformismo que parece esperar a verlas venir. Esperemos, que así no nos sorprenderán cuando vengan a metérnosla doblada otra vez.
Me quedó pendiente un balance de 2010 de la entrada anterior. Un año lleno de hostias por varios sitios, pero en el que creo que ninguno de los golpes fue en balde. El impacto de los momentos adversos puede llevar a tratar de enmendar errores, a reconducir situaciones que se creían irreversibles, a valorar más algunas cosas y a banalizar otras muchas. El pasado año me quedó claro que sólo algo tiene un 0% de probabilidad de vuelta atrás. Lo demás, ya será de una forma o de otra, pero saldrá adelante. La cuestión está en luchar por ello. ¿Difícil? Puede que en muchas ocasiones lo sea, pero eso no quiere decir imposible. Lo que no es tan difícil, en cambio, es abusar del desdén cuando la mente se nubla. Me he dado cuenta demasiado tarde para algo en particular, pero para otras muchas cuestiones, sé que aún estoy a tiempo.
"Todo tiene quien todo da", dice una estrofa de la canción que hace no mucho tiempo enlacé aquí mismo, y que está tomada también de una frase hecha. Un dicho que no tiene el hecho ni mucho menos a un trecho. En los últimos meses he comprobado su veracidad de una manera casi reiterada, al tiempo que me iba dando cuenta de cuántas horas he perdido por darle vueltas a tantas cosas que no valían la pena. Horas, y así días, semanas, meses... y años.
La imperfección seguirá llevándome a cometer nuevos errores en la vida, pero espero que no sean los mismos, y aprender igualmente de ellos. Por el momento, sólo sé que 2011 comienza como acabó 2010: con la reafirmación a la que aludía hace algunos meses. Quizá por eso me avergüenza tanta apatía. En los demás... y también en mí mismo. Lo reconozco. Pero, como decía, no tengo ganas de ser mártir de nada ni nadie, sino simplemente de seguir viviendo.
Para terminar, qué mejor que recordar que Nunca el tiempo es perdido:
Debo reconocer que, a pesar de que esta canción tiene ya diez años y que me encanta, es la primera vez que he visto su videoclip. Muy en la línea de Manolo García, herencia inevitable a su vez de las piezas audiovisuales que dejó para la posteridad El Último de la Fila. No me explico cómo, siendo una reproducción del videoclip (aunque no el enlace oficial en Youtube) he podido enlazarlo. No creo que dure mucho, pero mientras tanto, a disfrutarlo.
Y, como decían Manolo García y Quimi Portet (y así titulé una de las primeras entradas de este blog en 2006, cuando mis preocupaciones me parecían el fin del mundo), "paso al ansia de vivir". Ah, y también a febrero de 2011, que acecha ya el morro tras la pared.
Saludos al personal.
Noche del 31 de enero de 2011
4 comentarios:
Hay etapas en las que sólo tienes (des)ganas de dejarte llevar..otras están llenas de inquietudes, ánimo y desarrollo vital.
Abrazote
No creo que a ninguno nos beneficie dejarnos llevar por esta apatía general y por ese aire de negatividad que se respira en el aire en los últimos tiempos.
Saca fuerzas de donde sea, que están ahí.
Dejar un proyecto (como un blog) debe ser algo meditado. ¡Nunca te rindas a la desgana!
Un abrazo.
Muchas gracias a los tres por vuestros comentarios. Tenéis toda la razón: rendirse a la desgana, además de inútil, es absurdo. Y vacío: da a entender que no hay ninguna ilusión por cumplir en la vida. Pero no es así: hay muchos proyectos que llevar a término. Este blog es, efectivamente, uno de ellos. Por ello, por muy espaciadas que sean las publicaciones, la persiana no se baja.
Abrazos para todos.
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